Tengo 19 años y soy una puta.
No soy puta por vender mi cuerpo por dinero, sino porque nací mujer. Y desde el momento que lo hice, fue etiquetada como una.
Cuando no le di vía a un carro me gritaron “¡Puta!”, cuando use una minifalda o vestido arriba de mis rodillas; también el día que me…
Tus manos
/con cariño
dijeron más que tus labios
que sin hablar
Buscaron sólo entretenerse.
No hubo ruido
mas sólo una brisa
que quiso aprobar el hecho
y alentar las risas.
Hoy, tus labios me dicen
/en silencio
que vas por otros cariños.
Y que yo
en silencio
espero la caricia del viento,
que me escucha y se queda
con una risa.
___________________________________________________________________
(Del lat. silentĭum).
2. m. Falta de ruido. El silencio de los bosques, del claustro, de la noche.
___________________________________________________________________
El silencio es precioso. Un detalle que me hace recordar que no estoy solo. Aprovecho –mientras se pueda- la privilegiada geografía de donde vivo para escuchar todas las historias que me quiere decir el silencio justo antes de dormir. Y no me falla.
Pues está ahí, y comienza a relatarme con el viento que ubica el calendario en los momentos más fríos de la región. Además de los perros que reaccionan con ladridos ante alguna cosa que les irrumpa el sueño. O los grillos, que tan buenos cantantes que son que interpretan piezas que parecen colocar la sábana sobre mi cuerpo y así dormir.
Mientras que el silencio se encuentre a través de la dinámica de la naturaleza un auténtico placer. Algo precioso.
Pero ahora no me pareció así. Porque no fue un regalo sino una decisión. Fue la elección que tomaste tú para responderme todas las inquietudes que tenía. A cada pregunta, decidiste dejar que todo lo demás hablara menos tú. Fuiste dejando tus intenciones para la interpretación; como en una mala película. Esas que intentás apreciar la historia pillando los símbolos y diálogos, pero hay vacíos que no dejan comprender. Y tú, como una guionista que gusta dejar agujeros en la trama, pasaste al siguiente acto sin dejarme claro que pasó en la última secuencia.
Me molesta, pues te quiero –o te quise, ya no sé-. Me convertiste en un espectador, sin ser capaz de elegir y tratar de repellar esos agujeros. Tú ya comenzaste a escribir tu siguiente obra maestra. Mientras yo, aquí me quedo decidiendo si trato de comprender la película o voy a por papel y lápiz.
Un perro me ladra y me dice que escuche. Sigue, viento; corre que te escucho.
“Y así hasta ciento: toda la película es un aluvión de simbolismos cristianos y, secundariamente, de otras mitologías y referentes literarios. Esto no es sobreanalizar: es leer. Y leer una película no es muy diferente de leer un libro. No existen varias maneras diferentes y todas ellas válidas de leer la frase “En un lugar de La Mancha”. Si usted lee eso y piensa “Ah, la acción transcurre en Nueva York” no es que usted tenga una opinión diferente, menos retorcida que la mía, y que yo esté sobreanalizando la frase porque soy un pedante presuntuoso: es que usted no sabe leer.”
-Cristian Campos, en los comentarios de su texto “Prometheus, para dummies”.

El Real Madrid ganó la Supercopa española del 2012 al Barcelona. El global, 4-4, se inclinó hacia los blancos gracias a un fallo de Valdés que permitió que el Madrid cayera por un mínimo 3-2 en Camp Nou. El 2-1 en el Bernabeu, con la ventaja de los tantos de visita, hizo que el Barca no consiguiera su cuarto trofeo consecutivo se la competición. Aquí las 10 reflexiones finales:
- El Real Madrid no cambió de esquema. Modificó su actitud. Fue notable la labor de presión y orden que realizaron los cuatro jugadores de ataque blancos, quienes no se cansaron de pedir el balón y tratar de frenar la salida blaugrana. Di María y Ronaldo estorbaron a los laterales del Barca, y se incorporaban rápidamente para jugar a la contra. La expulsión de Adriano fue propiciada por el avasallante juego merengue. El Barca sufrió.
- Pepe y Xabi Alonso son imprescindibles en el equipo de Mourinho. La ausencia de Messi es también trabajo del central portugués, quien guardaba unos metros de distancia e intentaba cortar rápidamente a Messi para impedir que girara hacia la portería. Alonso se sintió cansado al cierre del partido. Era normal, ya que su auxilio en recuperar el balón en cualquier sector de la cancha fue gracias a la labor del español. Corre, corta y sabe hacer la falta. Vitales ambos.
- Cristiano y Messi son los mejores. No tienen que tener el balón por mucho para hacerse presentes. Basta con una oportunidad, por muy complicadas que parezcan, para que los jugadores emboquen una y se hagan notar en el resultado. Su competencia es trascendental para que cada día intenten ser mejores. Y lo logran.
- En 10 minutos, Modric reflejó su intención de ser titular en el equipo. Su esfuerzo será un alivio para Mou, quien ve cómo el croata puede sustituir a Özil o Khedira, recuperar balones y asistir. Y hasta anotar. Ayer logró una casi-asistencia y un casi-gol. Genial el “pájaro”.
- Pedro está rápido, encarador y con gol. Al Madrid logró inquietarlo varias veces y fue el principal problema en la defensa para el Real. Ayer Casillas rescató dos, sino la historia habría sido otra.

- Si bien Busquets es un pilar en el Barca, liberando la presión en la media cancha y distribuyendo balones hacia Iniesta y Xavi, Alex Song dio un lindo recambio a Tito Vilanova. El camerunés jugó poco, pero da una alternativa en momentos en que el Barca tiene la pelota y al rival en su área. Más pegada y verticalidad.
- Si no está Pedro, no hay alguien que trascienda en el Barca al momento de atacar. De momento, no ha estado Fabregas. Tello sigue sin ser inquietante y Alexis ha optado por tirarse en vez de ganar con fuerza. Con la salida de Afellay, hay que espabilar en ese sector y dar alternativas a Messi e Iniesta.
- Higuaín con un gol, pero cediendo espacio a Benzema. Falló tres claras el argentino, de frente al arquero y otra en la que Mascherano logró a incomodar. Gonzalo necesita ser más determinante, pensar y definir más rápido. Balones hay junto a minutos. Además de otro delantero en el equipo que le demanda mejorar. Un exquisito conflicto en Madrid.
- No podrá haber mejor empujón para el Real que ganar la Supercopa y contra el Barca. Después del mal inicio de liga ya no hay excusas. Están los jugadores, el gol y la dinámica. Actitud es la que debe prevalecer ahora.
- Barca a voltear la página. En especial Tito. Un título que no más que perder, gana Vilanova en considerar modificaciones en una temporada que empieza.
Fotografías: El País.
Agarró la caja de cerillos -tomó uno de los más escondidos- y lo prendió con cuidado para no echarlo a perder. Colocó la llama con la mano izquierda, mientas la derecha abría delicadamente el paso de gas para avivar el fuego. Con una exquisita precisión, Salomón, así como aquel sabio, colocó la jarrilla con agua sobre la hornilla. Terminado el proceso, se sentó en la silla de plástico color negro que le permitía vigilar la avenida.
El reloj de pared marcaba las 11 de la noche. Ya cerca de un nuevo día. La luz de la luna se entremezclaba con las nubes de lluvia que habían humedecido la ciudad de Guatemala. A pesar de la hora, la iluminación artificial, típica de las grandes ciudades en las que predomina la inseguridad, permitía ver con claridad el camino y las banquetas. Salomón mantenía su actitud de serenidad. Su vista se fijaba en el pequeño televisor que mostraba esas viejas películas de artes marciales que ilusionan a quien las ve. A la par de la vieja tele, estaba el periódico del día. Le servía para ponerse al tanto de los deportes, leer los chistes y hacer un recuento de los muertos.
Hirvió el agua, y con mesura tomó su pocío, en el cual vertió dos cucharadas de café de sobre. Comenzó a mover la bebida con ternura, como lo hace una madre al preparar el té. El ruido de la cuchara chocando con el recipiente, pasó a segundo plano luego de que dos vehículos colisionaran a corta distancia. Salomón detuvo su mano, su boca se abrió con expectación, y sus parpadeos eran limitados, con la intención de no perderse detalle alguno. No evitó pensar que se trataba de gente ebria, y agradeció a su Señor que la fuerza no provocase –en primera instancia- algún fallecido.
De un vehículo, bajó un muchacho que vestía chumpa de cuero y pantalón de lona. Sus botas eran notables a la distancia. Cabello corto. Del otro carro, bajó una pareja. Un muchacho alto, con traje de fiesta, al igual que la chica. Ella era hermosa, un vestido azul con detalles blancos como luz de la luna cautivaron la mirada de Salomón. Sus zapatos de tacón. Negros. Su pelo rizado. Preciosa.
Un suspiro dio el viejo policía, que desde la caseta, observaba con interés qué sucedería entre los partícipes del accidente. Notó que el hombre que iba sólo, sacó una pistola. 9mm pudo identificar sin problemas. A pesar de su edad, la vista no era una de sus flaquezas. Su ternura, sí. Intuyó que el muchacho de la pistola estaba bajo los efectos del alcohol. Al ver el arma, no dudo en tomar su escopeta, que mantenía bajo el televisor. Sabía que esto podía pasar a más.
Una discusión surgió. El hombre elegante trataba de calmar al maleante. La chica lucía expectante. Su débil brazo derecho sirvió para tapar su boca. No sabía si hablar. Salomón abrió la puerta en silencio. Quería pasar incógnito. La intensidad se incrementó, y una riña con golpes y patadas comenzó. Salomón no entendía. Un golpe del hombre trajeado hizo que el arma cayera al piso, justo a una corta distancia de la bella dama. La pelea continuaba, mientras ella tomó inocentemente el arma. Dudaba si apuntarla hacia el hombre de las botas, o simplemente guardarla entre su bolso.
Antes de decidirse, una camioneta color negro arribó al lugar. Tres hombres bajaron del vehículo. Coincidían en calzado con el muchacho solitario. Al ver la riña, no dudaron en sacar sus armas. Salomón cargó su escopeta y se disponía a enfrentar a los bandidos. Buscó en su bolsillo su celular para llamar a la policía, pero en sus nervios su mano se dirigió hacia la bolsa incorrecta, donde sólo se encontraban unas fichas. Recordó que era lo que le quedaba del mes. Se detuvo por instinto. Pensó. ¿Valía arriesgar su vida, para rescatar a un par de desconocidos? ¿Su mísero salario era justo para recoger valor y realizar acciones heroicas? Ya había pasado dos días del nuevo mes, y su bolsillo seguía vacío. Además, las balas que fueran utilizadas tendrían que ser costeadas por él.
En su duda, disparos ocurrieron frente a Salomón. La pasividad intrínseca de la noche se diluyó entre aquellos ruidos que ya parecían tan comunes en esa ciudad. La pareja, sin perder la elegancia, cayó desplomada, uno al lado del otro. Los muchachos, sin dudarlo, se montaron en sus vehículos y con la indiferencia del tamaño de la luna, se fueron dejando dos cuerpos atrás.
Salomón logró encontrar su teléfono, marcó a la policía y reportó el crimen. Observó a la chica de nuevo, que yacía en su esplendoroso vestido, del cual una macha roja borraba las hermosas líneas blancas. Sus rizos permanecían intactos. El viejo policía retornó a su caseta. Colocó el arma en el piso. Se preparó un nuevo café, ya que el anterior había perdido calor. Se sentó en su añeja silla. El reloj indicaba que diez minutos pasaban de las 12.
Allegri había dirigido 5 clásicos y todos contra diferente técnico. Desde la salida de Mourinho, el Inter ha sido un equipo con grandes jugadores pero sin propósito. Ni la laboriosidad de Benítez, ni el buen Leonardo y menos la línea de 3 de Gasperini. Peor la apatía de Ranieri que veía quedo como los neroazzurros eran vencidos en la cancha.
Pero llegó Stramaccioni. Uno de la casa, quien no tenía más objetivos en la temporada que clasificar a Europa; cambiarle el rostro al equipo. Y las oportunidades para ello son los clásicos. Pues es el Guiseppe Meazza el que sea el marco para otro Derby della Madonnina. El AC Milan es visitante, segundo en la Lega y necesita ganar. El Inter, que busca oxígeno en Europa, también.
Y los de negro y azul lo sabían. Se formaron con un 4-3-3 en el que Guarín, Zanetti y Cambiasso debían frenar a la otra línea de 3 de Nocerino, Van Bommel y Muntari. En el primer tiempo fue así. Recuperaba Esteban y Freddy, hacia adelante con el balón y -casi atropellando- llegaban al área rival donde había que pegarle. Lo hicieron. Pero Il Nono aún no piensa en el retiro, a menos que sea de retirar balones de la línea de gol.
Pero fue a balón detenido, donde una desconcentración del improvisado Bonera -lateral izquierdo- habilitó a Samuel que, con torpeza, la sirvió a un Milito que no se la piensa y remata. Primer zapatazo, y a remar contra corriente para los rossoneri. 1-0.
El primer tiempo es interista. Bonera y Abbiati se lesionan, apresurando los cambios para que lo haga De Sciglio y Amelia. Los embistes son constantes y el Milan parece no ver salida.
Aunque está Ibrahimovic. El sueco no teme y comienza a pivotear. Hace lo suyo cuando también acompaña Boateng. Ese gran ghanés que parece no conocer el cansancio y, en un gran pase de Robinho, la pelota se le va larga ante el achique de Julio César. El árbitro ve penal. Pena máxima en la que el arquero brasileño confronta a Ibra -el pateador- y resume toda esa pasión del Derby. Zlatan da el segundo zapatazo de la noche, venciendo al goleiro y dedicándolo a la parte norte del Stadio. Saluditos del sueco y empate que da un aliento a las aspiraciones del Milan. 1-1.
El primer tiempo termina a fuego.

Y, en el segundo, el delantero rojo y negro es el que está en llamas. Porque a penas iniciado, decide -apenas recibido el balón- de hacerse un autopase de esos suyos y definir con una mesura que no va con los ánimos de la noche. Pero sí el gol con anhelos milanistas. El visitante le da la vuelta y ve esperanza. 1-2.
Aunque hay juego. Sobre todo, en la misma área en la que se marcó el primer penal, Abate decide tomar por la espalda al siempre vertical Milito. Pues el Inter ve su fuerza en su defensa. Sneijder impone el ritmo y ahora el Milan pone las torpezas que serían dignas de anteriores Inter. Ingenuidad de Ignacio que permite a Milito hacer el segundo de la noche con otro zapatazo. Magistral definición a la izquierda del arco y Diego lo grita. El Guiseppe también. 2-2.
El Milan tiene que ganar para no adelantar las celebraciones de la Juve que tanto lo necesita. Toma la pelota Robinho y Kevin Prince, mermando al Inter durante casi todo el segundo tiempo, y va al frente. Sin embargo no hay gol. Robinho comienza a errar en los pases y no hay presencia de los laterales De Sciglie y Abate. Y fue en una de esos intentos por las bandas -y al ingreso de Pazzini por Álvarez- en el que un centro llegó a la frente de Giampaolo, dirigiendo el balón hacia la mano de Nesta que reclama que no hay distancia para marcar un penal. El criterio arbitral dice lo contrario. Y Milito decide lo suyo, pateando con fuerza para de nuevo -ahora a lado contrario- vencer a Amelia a fuerza de zapatazo. 3-2.
Entra Cassano pero es tarde. No hay una luz en las galopadas del Milan, que chocan con un buen Lucio y Samuel que saben ir a todas con fuerza. Hoy ganaba el de mejor calzado y Maicon la vio así. Y, ante la serenidad de De Sciegle y en los linderos del área, desenfundó el cañón para mandarla a guardar junto con las aspiraciones del rossonero. Celebración efusiva de Douglas que es abrazado por jugadores y técnico. Porque si bien el Inter propició el título del acérrimo rival juventino, la casta que permaneció trastabillada por estos dos años tuvo una noche gloriosa. Vio un momento de grandeza y fue venciendo al otro equipo de la ciudad a base de fuerza, garra y contundencia. 4-2. Final.
Stramaccioni lavó al cara del Inter. Devolvió a la vida a Sneijder, y cedió responsabilidad al gran Cambiasso y al eterno tratore Zanetti. Milito es gol. La Juve es campeón. El Milan cedió. El Inter recompuso. Europa espera a Italia.
Si bien el fútbol está en España, la pasión está en el Calcio.

Fotos: Gazzetta dello Sport (gazzetta.it)
Los reflectores son los únicos que ya hicieron el calentamiento. Desde hace algunas horas los prendieron, fijando su luz en el cuadrilátero. Los asientos están limpios para recibir a la audiencia. No falta mucho para que esto se convierta en una auténtica caldera y la mecha ya está consumiéndose.
Las luces son las que observan. Se encuentran en toda la ciudad destellando. Titilan ante el ajetreo de las máquinas traga-monedas y el júbilo de alguien en la mesa de póker. Aunque hoy, en cambio, el dinero decide jugársela en una típica aunque no recurrente actividad de Las Vegas.
Pues es en el casino MGM Grand donde la pantalla indica que es noche de pelea y hay dos personas dispuestas a hacerlo. Es la luminiscencia la que da la bienvenida mientras la elegancia del recinto parece digna de un concierto de ópera. Pero no hay cantantes aquí. El público comienza a tomar sus asientos a la espera de los artistas principales y esperan que la gala esté a la altura de la prestigiosa arena. Esa arena que emula a un coliseo romano donde la sangre aparece ante los zarpazos de los gladiadores. A medida que alguna gota roja salte del rostro de un contricante, un grito de júbilo avasallará el lugar. Es noche de pelea, y el pueblo quiere circo.

Como todo buen banquete, la sopa previa es servida por los promotores para dar ese pan que sacie momentáneamente. Esa que asienta los apetitos y prepara para el gran festín. Mientras que en el cuadrilátero, un mexicano de apenas dos décadas se enfrenta a un estadounidense de cuatro, al MGM arriba los ingredientes del plato principal. Floyd “Money” Mayweather a enfrentado 42 rivales de forma profesional y les ha ganado a todos. A 26 de ellos por la vía del “te quedas tendido en la lona”. Llega a la Arena de Las Vegas acompañado de dos pequeños vestidos elegantemente mientras su padre camina. En sus ojos se reza confianza. Sonríe mostrando parcialmente sus dientes, haciendo uso de su blanca dentadura que contrasta con el negro de su piel.
Miguel Cotto, en cambio, relaja su puño para que sean los dedos de su esposa -entrelanzándose- los que cobijen esa mano que está pronta de ir a la guerra. Pues será su derecha -dura como madero- la que intente estropear la intacta sonrisa de Floyd y enjuagarla con su propia sangre. Pero el puertoriqueño parece más serio. Es su mujer la que sonríe y quien trata de ser la estafeta de la confianza. Confianza de hacer que a ese dígito que acompaña el 42, se le sume un uno que signifique derrota, dando así una tacha en la intacta carrera de “Money”.
Ya la gente se impacienta. Las peleas previas tuvieron buen sabor pero la gran paga por asistir a este festín quiere un platillo que esté repleto de golpes.
Son Floyd Mayweather y Miguel Cotto quienes hagan uso del cuadrilátero, y le recuerden a la raza cuál es una de sus mayores representaciones desde el inicio de su historia. Esas en las que las diferencias se resuelven a puño limpio y gana quien tenga mayor fuerza, velocidad y técnica, y meses se han destinado para pulirla. O tal vez siglos, en las repetitivas trifulcas en las que los animales-humanos imponían su ley. Aunque aquí no hay ejércitos ni armas mas que dos extremidades, cubiertas por dos rústicos guantes, que deben hacerlas de escudo y espada. Protegerse de los embistes del otro y, rápidamente, embestir de vuelta. El cuerpo, tonificado para hacerlas de muralla de los órganos, se desplazará al ritmo que los pies dispongan. Porque son las piernas las que deben bailar de tal forma en que el rival se desconcierte y será el mejor preparado el que imponga el son.
La gente está intranquila, pero la pantalla del MGM Grand Arena sosiega. Una ponente voz de un canoso y bien arreglado hombre indica que hay un título en disputa, y dos gladiadores que lo quieren. Se proyecta a Mayweather que demuestra por qué el “money” y llega de un “fifty cent” y un chico por quien las chicas tiemblan. Llega al cuadrilátero con sus cinturones de campeón, levantando los puños e irradiando confianza. Es él quien recibe a su rival, y le dice “ven” con esa sonrisa que tanto le gusta. Y nos gusta.
Cotto no mueve más que sus pies al caminar. Residente interpreta Latinoamérica pero Miguel no quiere cantar. Así como fue en la ceremonia del pesaje el día anterior en la que Floyd masticaba chicle a dos centímetros del boricua, quien observaba y yacía quedo ante el invencible. Sabía que ese que le sonreía en el ring, no quería darle esa tacha a su récord. Aparece en el cuadrilátero y respira. Parece un león enjaulado que quiere devorar desmesuradamente a esa carnada.
El público aplaude. Las luces destellan. Los ánimos efervecen.
“Let’s get ready to rumble!” -grita el canoso y los presentes responden con otro grito que busca repeler toda esa tensión. El referee recuerda las normas y los luchadores, ya sin sus batas ni gorras ni sonrisas, chocan los puños. Gesticulan las manos para cumplir con ese protocolo. Saben que el momento ha llegado y es momento de hacer espectáculo.
La campana suena y dice que ya puede fluir la sangre.
“Mirá ¿y tú cómo te llamás?” –me dijo con esa voz que, mientras fluía de sus labios como el trazo de un suave pincel, mis ojos la escuchaban. Porque fue tres segundo más tarde, cuando llamó a mi atención con otro verso –más bien fue un ‘aló’-, que llevé la energía en mis oídos y coloqué mi vista en sus ojos. Es que ver sus labios es casi inevitable. Y, no lo niego, alguna desviación hacia su cuerpo. Es a sus 1.62 metros de estatura, mínima “carnita” de más, y apetecible color chocolate, una de las tres razones que me hicieron decidir a ella como el amor de mi vida. O futuro amor.
“Andrés. Andrés me llamo.” –respondí, con un diminuto retraso y una sonrisa que casi me hace tartamudear. Se lo dije mientras mis ojos se fijaban en los suyos. Su mirada consta de dos perlas negras que resguardan en sus cauces. Me parecen unas joyas sin pulir. Aunque simulan estar dispuestas a cobijar todo destello que llegue a esos minerales preciosos.. Los mismos están dentro del rizado marco de su pelo, que protege el lienzo moreno de su cara. Unos cachetes pellizcables dan relieve a la pintura.
“¡Ah! –continúa mientras suelta carcajadas- Está bueno. Yo soy Alejandra, por si te interesa.” Nuestra interacción ya solo se resume a sonrisas. Más de parte mía que no sé cómo generar más interés por mantenerla frente a mí. Sin embargo, el televisor de la agencia indica que es su turno y la despedida es inminente. Ella se remita a un “gracias”, yo a un “de nada”, y se desplaza con papeles entre brazos y su cintura baila mientras tanto.
No pensé que fuera así de fructífero venir a la Sat. Cuando me cuestionó acerca de qué colocar en las casillas del formulario, respondí con una inercia que, combinada con mi desesperación de hacer una hora de cola, me privó de admirarla en primera instancia. Y así como llegó, se fue. Ni un número –más que el A213 de su boleta- y un nombre. Pero un procedimiento de tramitación de Nit se la llevó. Yo, en cambio, busco ser un nuevo pequeño contribuyente.
Es mi turno. La voz mecanizada lo avisa y debo ir a la 23. Mientras camino hacia la ventanilla –y observo los enmudecidos y apáticos rostros de los recepcionistas- me percato que Alejandra está en la 22. Me siento y entrego los papeles al muchacho. No recibo bienvenida alguna y no me interesa. Disimulo y busco la forma en que, de nuevo, nuestras miradas se crucen y queden fijas. Ella toma la iniciativa.
“Andrés, qué bueno verte por acá.” El agente que la atiende se levanta a por unas copias y yo aprovecho a llevar nuestro trámite al siguiente paso. Me encuentro llenando el formulario de la cita y me falta la casilla de su teléfono.
El Congreso de la República, la cámara de representantes del pueblo, es la encargada de legislar a favor de la sociedad. En la actualidad, lleva más de 60 días de no avanzar en la agenda parlamentaria. La causa, una serie de actividades que, en lugar de beneficiar al país, solo ha producido que quienes los votantes que les eligieron se arrepientan.

A las 11 de la mañana, un grupo de campesinos se encuentra fuera de un viejo edificio ubicado en la 9ª avenida, entre 9ª y 10ª calle de la zona 1. Con mantas y cánticos de “para una reforma agraria, una lucha diaria”, presentan 16 demandas las cuales buscan su rápida aprobación. Para ello, deciden que los encargados de dicha solución son los representantes del pueblo. Pues la ley establece que por cada 80 mil habitantes, debe haber 1 diputado.
Sin embargo, el representante del Comité de Desarrollo Campesino –Codeca-, utilizando un micrófono conectado a unas bocinas, hace una declaración que debilita la confianza entre sociedad y legisladores. “Cuando eran las elecciones, hasta nos abrazaban. Ahora ni nos salen a recibir”. El líder del grupo –que prefiere identificarse así- insta a sus compañeros a que no den muestras de cansancio. Que es momento de exigirles a los representantes del pueblo. Es momento de hacer trabajar al Congreso de la República
El Congreso de la República
El Organismo Legislativo es uno de los tres poderes del Estado. Tiene tres funciones primordiales. La primera, ser el representante de la sociedad en general; segundo, crear leyes o modificarlas; y la tercera, fiscalizar y vigilar el Organismo Ejecutivo.
Está conformado por 158 diputados, los cuales 31 pertenecen al listado nacional y 127 a los distintos distritos del país. Además, es dirigida por una junta directiva, que actualmente preside Gudy Riverda del PP.
Los diputados se reúnen en el Palacio Legislativo, ubicado en la 9ª avenida, entre 9ª y 10ª calle de la zona 1. Allí se reúnen –como fue acordado al inicio del periodo 2012-2013- los días martes y jueves a las 09:30.

Para ver más fotos, clic aquí
Acceso a la información
El Organismo Legislativo cuenta con una página de internet en donde facilita la información a los usuarios. Una de sus dificultades es que en ciertas secciones aún presenta datos de la legislatura anterior.
Además, cuentan con un canal de televisión en el sistema de Claro TV. En el canal 57 es posible ver ciertas actividades parlamentarias, además de las sesiones ordinarias que acontecen cada martes y jueves. A un costado del hemiciclo parlamentario, se encuentra el palco de prensa donde los periodistas -con mostrar su acreditación- pueden ingresar y cubrir los eventos desde dicha locación.
Las tachas de los diputados
Un día en el Congreso debería de transcurrir así: “lectura y aprobación del acta de la sesión anterior, lectura de las iniciativas de ley, debate de las mismas y votaciones para aprobación” –explica Alejandro Pérez, periodista quien ha cubierto por varios años el organismo legislativo.
La sesión ordinaria del parlamento, debería de transcurrir con normalidad cuando se agilizan estas funciones. Sin embargo, y como explica Pérez, existen ciertos “intereses” que truncan la agenda.
Así como el manifestante del Codeca lo expresa, distintos columnistas también han reflejado rechazo a los legisladores.
Eduardo Villatoro recopiló el pesar de la población en su columna de opinión en el Diario La Hora. Jonathan Menkos, economista del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, también escribió acerca de lo que cuesta financiar el Congreso.
El rechazo, surge al ver cómo los diputados recurren a actitudes que frenan la agenda legislativa, lo que genera que no se discutan acerca de la creación de leyes y que se anteponga los intereses personales o de las bancadas.
Las interpelaciones “son la manera en que el Congreso debe fiscalizar a los ministros en representación del pueblo” –explica Roberto Villate, jefe de la bancada Lider.
La interpelación al actual ministro de Finanzas, Pavel Centeno, surgió hace dos meses por solicitud de la bancada Lider. La razón, cuestionar a representante del Ejecutivo acerca del nuevo paquete fiscal aprobado por el hemiciclo parlamentario.
Las preguntas hacia el funcionario –hasta el día de hoy- no han permitido que se avance en el cronograma previsto. La Marcha Campesina Indígena, el autodenominado grupo que se manifestó en una marcha desde Cobán hasta el centro de la ciudad capital, llegó –al igual que el Codeca- al Congreso exigiendo una serie de condiciones que consideraban necesarias para el campesinado guatemalteco. Entre ellas, estaba la aprobación de la Ley de Desarrollo Rural. La Marcha, al presentar su postura con los funcionarios, acordó que una de las primeras demandas cumplidas sería la discusión y aprobación de dicha iniciativa. Sin embargo, esto no ha sucedido a causa del retraso que ha generado la interpelación, postergada por la extensa batería de preguntas de Lider, y la ausencia de los diputados en las sesiones; ya que para que inicie la sesión, es necesaria la presencia de un mínimo de 80 diputados. Si empieza una reunión, pero a medida que avanza los congresistas se retiran, se suspende la plenaria y se organiza para el siguiente día de sesión.
Oliverio García Rodas, de la bancada oficial PP, dijo que “estas confusiones solo perjudican al pueblo”. El congresista rechazó la interpelación.
Estos retrasos en la agenda, se unen a otras actitudes como la solicitud de aumento de sueldo y el lanzamiento de artículos durante las sesiones, que incrementaron la mala opinión hacia el Congreso.
Afuera del Palacio Legislativo siguen los manifestantes. Hacen un llamado a los representantes del pueblo que actúen a favor del mismo. Dependerá de los mismos congresistas en decidir limar sus asperezas y dar paso a la lectura de iniciativas de ley. En buscar que el Congreso funcione con un orden regular.
El calor aprisiona.
Mientras trato de minimizar mis gestos, sentándome frente al ventilador y jadeando recostado en el sillón, maldigo el intenso calor. Es así como en el invierno. Mientras en aquellas fechas de fin de año incomoda el tener que desempolvar chumpas, ahora me siento igual con el hecho de no saber si tener puesta una camiseta o no. El calor agobia.
En el este de Alta Verapaz es así. Las temperaturas se elevan, dando paso a que el polvo de las carreteras de terracería se adhieran al cuerpo con el excesivo sudor. Las vías –esas que ya tienen 10 asfaltos, según las promesas de mandatarios- muestran un auténtico calvario de Semana Santa. El vía crucis es ahora otro.
Quienes trabajan en el campo no conocen qué es un descanso por decreto de jueves y viernes santo. La verdadera pasión de Cristo se refleja en tener que caminar al costado de la carretera, mientras se lleva el machete al hombro –su cruz; al mismo tiempo que el polvo y sol aprisionan el cuerpo. Y sin embargo, en contraste a quienes insultaban a Jesús como un mentiroso, ahora quienes observan el hecho se expresan de otra forma. Es el silencio, la indiferencia, de ver cómo unos tienen que sufrir mientras mi preocupación es ver cómo me sirvo agua sin tener que caminar.
Las merecidas vacaciones a nuestras extensas y agobiantes jornadas educativas, en las que cargar un par de libros en la nueva mochila y aguantar el tráfico en el carro con aire acondicionado, seguro es excusa válida para que la Semana Santa sea eso: unas vacaciones justas y necesarias.
Ahora el Cristo es otro. Quien debe sufrir la pasión del siglo veintiuno es aquel que es atacado por la indiferencia. Y cuando intenta exigir igualdad e condiciones, al campesino se le ataca como un “terrorista” o “terco y necio”. Para que merezca mi resurrección y recuperar fuerzas para el trabajo y estudio, es otro el que debe morir en los campos arando la tierra para que en mi casa no falten los vegetales.
Mientras las quejas del inminente lunes se hacen notar por los cansadísimos veraneantes del Puerto, el campesino de Alta Verapaz, y de todo el país, ve cómo el lunes no es más que otro día en el que se repite la rutina. Más extenuante, más extensa y menos gratificante. Claro, más calurosa.
Pienso en que me tengo que levantar temprano para desayunar. Antes de, pienso que si aquel campesino que vi empolvado y asoleado en Alta Verapaz, tendrá qué desayunar.