Allegri había dirigido 5 clásicos y todos contra diferente técnico. Desde la salida de Mourinho, el Inter ha sido un equipo con grandes jugadores pero sin propósito. Ni la laboriosidad de Benítez, ni el buen Leonardo y menos la línea de 3 de Gasperini. Peor la apatía de Ranieri que veía quedo como los neroazzurros eran vencidos en la cancha.
Pero llegó Stramaccioni. Uno de la casa, quien no tenía más objetivos en la temporada que clasificar a Europa; cambiarle el rostro al equipo. Y las oportunidades para ello son los clásicos. Pues es el Guiseppe Meazza el que sea el marco para otro Derby della Madonnina. El AC Milan es visitante, segundo en la Lega y necesita ganar. El Inter, que busca oxígeno en Europa, también.
Y los de negro y azul lo sabían. Se formaron con un 4-3-3 en el que Guarín, Zanetti y Cambiasso debían frenar a la otra línea de 3 de Nocerino, Van Bommel y Muntari. En el primer tiempo fue así. Recuperaba Esteban y Freddy, hacia adelante con el balón y -casi atropellando- llegaban al área rival donde había que pegarle. Lo hicieron. Pero Il Nono aún no piensa en el retiro, a menos que sea de retirar balones de la línea de gol.
Pero fue a balón detenido, donde una desconcentración del improvisado Bonera -lateral izquierdo- habilitó a Samuel que, con torpeza, la sirvió a un Milito que no se la piensa y remata. Primer zapatazo, y a remar contra corriente para los rossoneri. 1-0.
El primer tiempo es interista. Bonera y Abbiati se lesionan, apresurando los cambios para que lo haga De Sciglio y Amelia. Los embistes son constantes y el Milan parece no ver salida.
Aunque está Ibrahimovic. El sueco no teme y comienza a pivotear. Hace lo suyo cuando también acompaña Boateng. Ese gran ghanés que parece no conocer el cansancio y, en un gran pase de Robinho, la pelota se le va larga ante el achique de Julio César. El árbitro ve penal. Pena máxima en la que el arquero brasileño confronta a Ibra -el pateador- y resume toda esa pasión del Derby. Zlatan da el segundo zapatazo de la noche, venciendo al goleiro y dedicándolo a la parte norte del Stadio. Saluditos del sueco y empate que da un aliento a las aspiraciones del Milan. 1-1.
El primer tiempo termina a fuego.

Y, en el segundo, el delantero rojo y negro es el que está en llamas. Porque a penas iniciado, decide -apenas recibido el balón- de hacerse un autopase de esos suyos y definir con una mesura que no va con los ánimos de la noche. Pero sí el gol con anhelos milanistas. El visitante le da la vuelta y ve esperanza. 1-2.
Aunque hay juego. Sobre todo, en la misma área en la que se marcó el primer penal, Abate decide tomar por la espalda al siempre vertical Milito. Pues el Inter ve su fuerza en su defensa. Sneijder impone el ritmo y ahora el Milan pone las torpezas que serían dignas de anteriores Inter. Ingenuidad de Ignacio que permite a Milito hacer el segundo de la noche con otro zapatazo. Magistral definición a la izquierda del arco y Diego lo grita. El Guiseppe también. 2-2.
El Milan tiene que ganar para no adelantar las celebraciones de la Juve que tanto lo necesita. Toma la pelota Robinho y Kevin Prince, mermando al Inter durante casi todo el segundo tiempo, y va al frente. Sin embargo no hay gol. Robinho comienza a errar en los pases y no hay presencia de los laterales De Sciglie y Abate. Y fue en una de esos intentos por las bandas -y al ingreso de Pazzini por Álvarez- en el que un centro llegó a la frente de Giampaolo, dirigiendo el balón hacia la mano de Nesta que reclama que no hay distancia para marcar un penal. El criterio arbitral dice lo contrario. Y Milito decide lo suyo, pateando con fuerza para de nuevo -ahora a lado contrario- vencer a Amelia a fuerza de zapatazo. 3-2.
Entra Cassano pero es tarde. No hay una luz en las galopadas del Milan, que chocan con un buen Lucio y Samuel que saben ir a todas con fuerza. Hoy ganaba el de mejor calzado y Maicon la vio así. Y, ante la serenidad de De Sciegle y en los linderos del área, desenfundó el cañón para mandarla a guardar junto con las aspiraciones del rossonero. Celebración efusiva de Douglas que es abrazado por jugadores y técnico. Porque si bien el Inter propició el título del acérrimo rival juventino, la casta que permaneció trastabillada por estos dos años tuvo una noche gloriosa. Vio un momento de grandeza y fue venciendo al otro equipo de la ciudad a base de fuerza, garra y contundencia. 4-2. Final.
Stramaccioni lavó al cara del Inter. Devolvió a la vida a Sneijder, y cedió responsabilidad al gran Cambiasso y al eterno tratore Zanetti. Milito es gol. La Juve es campeón. El Milan cedió. El Inter recompuso. Europa espera a Italia.
Si bien el fútbol está en España, la pasión está en el Calcio.

Fotos: Gazzetta dello Sport (gazzetta.it)